Domingo 9 setiembre de 2012
Decid cobardes de corazón: "Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro
Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará." Se
despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un
ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el
desierto, torrentes en la estepa; el páramo será unestanque, lo reseco un manantial.
Que mantiene su fidelidad perpetuamente, / que hace justicia a los
oprimidos, / que da pan a los hambrientos. / El Señor liberta a los cautivos. R.
El Señor abre los ojos al ciego, / el Señor endereza a los que ya se doblan, / el Señor ama a los justos, / el Señor guarda a los peregrinos. R.
Sustenta al huérfano y a la viuda / y trastorna el camino de los malvados. / El Señor reina eternamente, / tu Dios, Sión de edad en edad. R.
El Señor abre los ojos al ciego, / el Señor endereza a los que ya se doblan, / el Señor ama a los justos, / el Señor guarda a los peregrinos. R.
Sustenta al huérfano y a la viuda / y trastorna el camino de los malvados. / El Señor reina eternamente, / tu Dios, Sión de edad en edad. R.
- Segunda Lectura: Santiago 2. 1-5
"¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?"
Hermanos míos: No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo gloriosocon el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos
hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los
dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís:
"Por favor, siéntate aquí en el puesto reservado." Al pobre, en
cambio: "Estáte ahí de pie o siéntate en el suelo." Si hacéis eso,
¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos hermanos,
escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos
en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?
En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón,
camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo
que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él,
apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la
saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
"Effetá", esto es "Ábrete". Y al momento se le abrieron los
oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó
que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia
lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: "Todo lo ha hecho
bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos".
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