Lunes 17 de septiembre
Lecturas de la liturgia
- Primera Lectura: I Corintios 11, 17-26. 33"Si os dividís en bandos, os resulta imposible comer la cena del Señor"
Hermanos: Al
recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que
provecho.
En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra Iglesia os dividís en
bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre
vosotros, para que se vea quiénes resisten a la prueba.
Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del
Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena y, mientras uno pasa
hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis
en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que
os diga? ¿Que os apruebe? En esto no os apruebo.
Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he
transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan
y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi
cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía."
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la
nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en
memoria mía."
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la
muerte del Señor, hasta que vuelva. Así que, hermanos míos, cuando os reunís
para comer, esperaos unos a otros.
- Salmo Responsorial: 39"Proclamad la muerte del Señor, hasta que vuelva."
Tú no quieres
sacrificios ni ofrendas, / y, en cambio, me abriste el oído; / no pides
sacrificio expiatorio, / entonces yo digo: "Aquí estoy." R.
"-Como está escrito en mi libro- / para hacer tu voluntad." / Dios
mío, lo quiero, / y llevo tu ley en las entrañas. R.
He proclamado tu salvación / ante la gran asamblea; / no he cerrado los labios:
/ Señor, tú lo sabes. R.
Alégrense y gocen contigo / todos los que te buscan; / digan siempre:
"Grande es el Señor" / los que desean tu salvación. R.
- Evangelio: Lucas 7, 1-10"Ni en Israel he encontrado tanta fe"
En aquel tiempo,
cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaum. Un centurión
tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír
hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que fuera a
curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
"Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha
construido la sinagoga". Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la
casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: "Señor, no te
molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me
creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano.
Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le
digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; y a mi
criado: "Haz esto", y lo hace". Al oír esto, Jesús se admiró de
él, y, volviéndose a la gente que lo seguía dijo: "Os digo que ni en Israel
he encontrado tanta fe". Y al volver a casa, los enviados encontraron al
siervo sano.
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