miércoles, 28 de septiembre de 2011

Seguir a Jesús


República Dominicana, 28 de septiembre de 2011



·      Primera Lectura: Nehemías 2, 1-8

 
En el primer mes del año veinte del reinado de Artajerjes, siendo yo, Nehemías, el copero mayor, serví una copa de vino y se la ofrecía al rey. Nunca me había presentado ante él con cara triste, por lo que el rey me preguntó:
«¿Por qué estás tan triste si no estás enfermo? ¿Qué es lo que te preocupa?»
Sentí entonces un gran temor y le respondí:
«Que viva el rey para siempre. ¿Cómo no he de estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego?»
El rey me dijo:
«¿Qué es, pues, lo que quieres?»
Me encomendé al Dios del cielo y le contesté al rey:
«Si le bien a mi señor, el rey, y si está satisfecho de mi, déjeme ir a Judá para reconstruir la ciudad donde están enterrados mis padres».
El rey, con las reina sentada a su lado , preguntó:
 

«¿Cuánto durará tu viaje y cuándo volverás?»
Al rey le pareció bien el plazo que le indiqué, y me permitió ir. Entonces yo añadí:
«Ruego a mi señor, el rey, que me dé cartas para los gobernantes de la región del otro lado del río, para que me faciliten el viaje hasta Judá; y una carta dirigida a Asaf, encargado de los bosques reales, par que me suministre madera para las puertas de la ciudadela del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me voy a instalar».
Gracias a Dios, el rey me concedió todo lo que le pedí.
 

·      Evangelio: Lucas 9, 57-62

 
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
 

Jesús le respondió:
 
«Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza».
 
A otro, Jesús le dijo:
 
«Sígueme».
 
Pero él le respondió:
 
«Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».
 
Jesús le replicó:
 
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia el Reino de Dios».
Otro le dijo:
 
«Te seguiré, Señor, pero déjame despedirme de mi familia».
 
Jesús le contestó:
 
«El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios ». 
Jesús nos dice, a nuestro entender,  que anunciar el Reino es una tarea que no admite tibieza. Es un cambio radical que implica dejar la vida anterior detrás. Se trata de anunciar la vida verdadera, y los referentes que tenemos de antaño no nos sirven. No son esquemas terrenales, ni valores sociales establecidos, aunque éstos no sean malos. Por eso decia el Señor: ¨el vino nuevo en odres nuevos¨, o bien, que no se puede remendar un manto viejo con uno nuevo¨. Jesús es claro con sus seguidores, les pide algo más. Se trata de conocer el Reino, y dejar muchas cosas atrás, hasta el punto de negarse a sí mismo. ¨Hay que nacer de nuevo¨ le decia a Nicodemo.
Aveces nos pasa así. Vivimos mucho tiempo entre dos aguas, con una actitud aparentemente decidida, quizás, pero sin cambios definitivos, sin tomar riesgos, sin arar la nueva tierra del Reino de Dios.

Oración.

 Ayúdanos Señor, a escuchar tu voz, y seguirte, a entregarnos verdaderamente a Ti. Amén.

 

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